Lars von Trier y el porno tolerable


Lars von Trier parece decidido a no gustarle a tu abuela. Durante los últimos años, el director danés ha sido la viva imagen de lo políticamente incorrecto. Desde su provocación vanguardista junto a Thomas Vinterberg, las reglas del Dogma 95, hasta sus últimas actuaciones en las salas de prensa del Festival de Cannes, que tras acogerlo y defenderlo como si fuese un hijo problemático pero genial, finalmente lo declaró persona non grata cuando el director afirmó comprender a Adolf Hitler. Y más aun si sumamos la polémica que generó su film del 2009, Antichrist, con el que no consiguió convencer de su cercanía con el feminismo sino que incluso alentó las críticas de misógino.

Ahora, con la independencia que le garantiza desde 1991 su propia productora, Zentropa, Von Trier se dispone a rodar su próxima película, The Nymphomaniac. Una historia en dos partes sobre una mujer que encuentra su sexualidad. Y parece que esta vez, el danés va a acabar lo que empezó en Los Idiotas y también Antichrist, y apuesta por una película de tema erótico y con contenido pornográfico. Es decir, sexo explícito, penes penetrando vaginas en primer plano, sin cortes ni risitas vergonzosas.

Al frente del reparto, Charlotte Gainsbourg, que parece no querer distanciarse del realizador, y Stellan Skarsgård, que también ha tenido su dosis. Mientras se confirma el resto del elenco (se habla de Nicole Kidman, Shia LeBoeuf y Willem Dafoe), Von Trier ya ha confirmado que ambas partes tendrán una versión cinematográfica que será solamente erótica y un montaje menos recortado, directamente porno para el resto de circuitos.

El porno (in)tolerable

El danés explora así un género al que los circuitos comerciales se aproximan de forma ambigüa y a veces contradictoria. Mientras que, por un lado, es fácil detectar las escenas de provocación sexual en cualquier americanada de turno, por el otro la política es de tolerancia cero a todo lo que se parezca un pezón o un pene. El puritanismo domina en las agencias de rating cinematográfico, tal como explica Kirby Dick en su documental The film is not yet rated.

Se considera más peligroso el cuerpo humano que la violencia extrema, incluso cuando eso se ha traducido en los últimos años en una estética de lo aberrante  (los pechos más operados, la cintura más fina, los pantalones más apretados) y una heteronormatividad inconciente con claros efectos a nivel psicológico.

En los circuitos independientes, sin embargo, directores y guionistas buscan espacio para la sexualidad. Ya lo demostró Kubrick con Eyes Wide Shut. Pero las verdaderas apuestas por el porno tolerable, aquél que es un elemento más del guión y que es tratado con naturalidad, las realizan directores jóvenes y quizá sin menos ataduras. Para los que queráis ampliar horizontes, os dejamos algunas recomendaciones. La manera en la que las disfrutéis ya es cosa vuestra.

Shortbus (2006)

John Cameron Mitchell utilizó en Shortbus la represión sexual y la dominación como metáforas de la sociedad norteamericana, aterrorizada y sadomasoquista tras los atentados del 11S. El reparto, claramente LGBT, realizó las escenas sin dobles y sin contar con un pasado en el porno (como sí pasará en lo nuevo de Von Trier, que contratará a actores especializados para las escenas explícitas).

9 songs (2004)

Michael Winterbottom juntó rock y sexo. Lisa y Matt alternan polvos apasionados con conciertos de Franz Ferdinand, Primal Scream, Elbow, Super Furry Animals, The Dandy Warhols, Black Rebel Motorcycle Club, The Von Bondies e incluso el señor Michael Nyman. Se dice que Kieran O’Brien, el actor principal, es el único que se ha corrido delante de la cámara en una producción británica.

Lie with me (2005)

Una producción canadiense en la que se mezcla sexo y violencia. Clément Virgo pone a prueba los límites de la dominación sexual en un filme que tiene banda sonora de Broken Social Scene.

Ken Park (2002)

El suicidio del chico que da nombre a la película sirve de punto de partida para las historias de sus cuatro colegas: Shawn, Peaches, Claude y Tate. Dirigida por Larry Clark y Ed Lachman, Ken Park combina skateboarding, adolescencia y familias desestructuradas. El sexo es sólo otro elemento en la evolución de los cuatro chavales.

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