What about silence: El irlandés, de John Michael McDonagh (2011)


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El irlandés (The Guard)
Dirigida y escrita por: John Michael McDonagh
Reparto: Brendan Gleeson, Don Cheadle, Liam Cunningham
96′, Irlanda, 2011
Nominado a los Globos de Oro y los BAFTA y seleccionada en Sundance

Es de ingenuos o estúpidos el pensar que en todos los sitios se habla el mismo idioma, se come la misma comida o se cantan las mismas canciones. Sin embargo, parece la legalidad y la lucha contra el crimen, que forman parte de ese extraño “sentido común” no ocurre. Así, la autoridad se traslada con raíles hacia países lejanos y pretende hacer valer su fuerza. Lo que consigue, como mucho, es convertirse en chiste.

El irlandéses una película de ciegos contextuales, esa gente que no sabe donde vive o por donde camina, que no sabe que tiene gente diferente a su alrededor. Un caso de tráfico de drogas invoca al FBI, la enorme agencia estadounidense, a un pequeño pueblo del oeste de Irlanda, que con suerte llegará a los quinientos habitante, y prepara un curioso encuentro entre el condecorado agente Wendell Everett (Don Cheadle) y al borracho, putero, malhablado y por otra parte único sargento del pueblo Gerry Boyle (Brendan Gleeson).

Con este formato de “extraña pareja” se plantea una comedia que, aunque en la estructura se ve venir desde el principio, está constantemente buscando el chiste involuntario o el comentario inesperado de un sargento Boyle que sigue pensando que “los traficantes siempre son o negros o mejicanos”.

El cínico Boyle, pese a que no le guste, enseña a Everett a tocar de pies en la tierra y reconocer los vicios locales, muy lejanos a esa geopolítica abstracta de las grandes agencias policiales. Ese conjunto de ilegalismos y de pequeñas corruptelas que en realidad les mantienen unidos y provocan ese sentimiento de “yo sé cómo se hacen las cosas a sí”.

La ofensiva ingenuidad de Boyle, junto con su mal carácter, unida a la omnipotente seguridad de Everett, que se sabe el guardián de la ley, provoca un tira y afloja constante (también a nivel de intrepretación) que ayuda a que la película no se quede sólo en el chiste racista, lo que en un principio puede divertir por lo basto del asunto pero que si se mantuviera más tiempo resultaría grotesco.

Otro de los apoyos es sin duda el extraño universo que se presenta en el pueblo, Galway, con el niño entrometido, el fotógrafo de cadáveres o la madre drogadicta. Un conjunto de personajes excéntricos que dan color al pueblo y son la viva prueba de lo lejos que puede estar la realidad mundial de la actualida de un pueblo en el campo, de Irlanda o de donde sea.

Con una cinematografía sencilla y peculiar, que se detiene en detalles curiosos y montra sus propios rituales, McDonagh acompaña así un guión divertido para conseguir una opera prima muy divertida y que nos hace esperar con gusto su siguiente película, Calvary (prevista para 2013), en la que volverá a contar con Brendan Gleeson.

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