What About Silence: De óxido y hueso, de Jacques Audiard (2012)


rust-and-bone-2

De rouille et d’os (De óxido y hueso)
Dirección: Jacques Audiard
Guión: Jacques Audiard y Thomas Bidegain adaptan dos relatos de Craig Davidson
Reparto: Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts
122′, Francia y Bélgica, 2012
Selección oficial de Cannes 2012

En el imaginario común, Ali (Mathias Schoenaerts) sería fácilmente tildado de idiota, insensible y absorto en sí mismo, un padre terrible y una persona difícil de tener cerca. En la última película de Jacques Audiard, adquiere las luces de un extraño, pero quizá no tan malo, protagonista. En definitiva, una clara definición de antihéroe.

La clave, sin embargo, está en el punto de vista, el de la verdadera protagonista de De óxido y hueso, Stéphanie (Marion Cotillard). Tras un desafortunado accidente que la deja sin piernas, se ve relegada a un segundo plano por el mundo en el que vivía. Provocadora y sensual, Stéphanie pierde su baza de seducción por la seducción y, de alguna manera, deja de verse mujer.

En este punto es cuando la insensibilidad y despreocupación de Ali son justamente redefinidas y un personaje otrora considerado desalmado resulta ser el mejor amigo posible. Sólo porque carece de la condescendecia de mundo “civilizado”.

Como deshilachando el género del melodrama, Audiard impone la crudeza de su mirada cinematográfica y rehuye cualquier atisbo de sensiblería o emociones fáciles. No hay ni lagrimita de tristeza al principio ni sonrisita de catarsis al final. Todas las escenas están medidas para que terminen justo cuando otros empezarían a regocijarse.

Rust and bone

De óxido y hueso, sin embargo, deja un sabor de boca difícilmente descriptible. Mientras por un lado se agradece la presentación de dos personajes distintos y situaciones también extrañas (sangrientos combates de lucha callejera no creo que sean la idea de cita de nadie), queda tan cercano aún el impresionante relato de Un profeta, la anterior película de Audiard, que todo parece quedarse a medias.

La película en sí queda redonda por ella misma y se defiende con claridad en el nivel visual, pero eso no la convierte en una gran obra. El uso de la música, con Bon Iver al inicio y al final y Katy Perry en la mitad, queda siempre extraño y sobreimpuesto.

Si además profundizamos en el protagonista, nos damos cuenta que Stéphanie pasa de ser una mujer que busca el placer de la seducción usando su cuerpo de cebo para luego convertirse en un ser asexual por culpa del accidente. La influencia de Ali, aunque en un primer momento la endurece y le hace reconsiderar su feminidad, la acaba convirtiendo de nuevo en “la pareja”.

El paso de Audiard de escoger un personaje femenino contiene trazos de reflexión sobre los diferentes aspectos que conforman la feminidad en la cultura en que vivimos, con clara alusión al aspecto y la belleza, pero se queda en poco más que eso, trazos.

Pese a todo lo dicho, es una película que merece atención, y que en un fin de semana dominado por el estreno de El Hobbit puede ser un soplo de aire fresco a los que añoren cierto realismo.

Anuncios