What About Sitges: Antiviral, de Brandon Cronenberg (2012)


Antiviral
Dirección y Guión:
Brandon Cronenberg
Reparto:
Caleb Landry Jones, Sarah Gadon y Malcolm McDowell
108′, Canada, 2012
Mejor película canadiense en el Toronto International Film Festival

Alucinando por la fiebre, escupiendo sangre y con un dolor de cabeza que la desactiva, Hannah Geist avisa a su asistente. Debe llamar a Lucas, tienen que enviar a alguien, pronto. Alguien tiene que extraer su sangre antes de que se cure. Geist, un ícono mediático, especula mientras aguarda su lenta recuperación cuánto dinero le pagarán por el virus que se ha incubado, ha crecido y ha dominado su cuerpo por unos días.

Antiviral plantea un futuro cercano o una “realidad paralela”, tal como comentó su director, Brandon Cronenberg, en el que patentado de la vida llega a un extremo inesperado. La privatización de formaciones celulares y víricas ya no afecta solo a esos productos que mejoran la salud y ayudan a que el cuerpo evite la muerte. Ahora se comercializan enfermedades. Pero no cualquier resfriado común, sino aquél que pasa por el cuerpo de un famoso.

La histeria colectiva, esa en la que vivimos cada día, ha elevado la rumorología a la sabiduría primordial y los diálogos se reducen a meros debates reiterados hasta el infinito sobre el sexo de Lady Gaga o el último grito de Belén Esteban. En el universo de Cronenberg, el fanatismo ha llegado a otro nivel y los adorantes buscan una mayor conexión con su adorado: el lazo biológico de la enfermedad compartida.

La ciencia ficción de este director y guionista debutante bascula entre un debate social sobre la cultura hipermediatizada y otro sobre el artificio genético con fines mercantiles. Dos discusiones que hace tiempo dejaron de estar en un horizonte cercano y que ya forman parte de la base conceptual en la que vivimos.

Por un lado, una alienación post-marxista, en la que el trabajador/consumidor no se divide en sujeto y producto sino que busca su identidad en otro sujeto, como si se tratara de un proceso esquizofrénico constante. Esta proyección de uno mismo como parte del ídolo sólo es posible a través de la constante conexión con él, por débil o superficial que sea. Algo que los medios de comunicación han permitido y que a la vez han explotado, estableciendo puentes a la obsesión.

En el otro lado, el universo microscópico en el que se mueve la propiedad intelectual, falsamente reducida a una cuestión cultural. El verdadero interés de las leyes antipiratería nunca ha sido proteger el cine o la música, sino las patentes científicas, sobre todo las farmacéuticas. Una impostura del derecho del primer ocupante (aquél que llega primero tiene el dominio) sobre algo tan fundamental y compartido por todos nosotros.

Lo que nos convierte en meros huéspedes de nuestro propio cuerpo, alquilando sustancias aspiradas, ingeridas, inoculadas o absorbidas por nuestra piel, conciente o inconcientemente. Por eso Antiviral es tan cercana, porque si ya tomamos medicamentos sintetizados para combatir enfermedades igualmente diseñadas, ¿qué falta para que la idolatría adopte la enfermedad cuando estamos guardando mechones de pelo?

Una pelicula que da de sí en lo conceptual, pero que además está resuelta con una gran sencillez, optando por el color blanco para dotar a toda la realidad un tono hispitalario, clínico, de laboratorio. Con un Caleb Landry Jones inmenso en el papel protagonista y una acción que en ningún momento se vuelve insustancial. En definitiva, una gran película que pone el listón altísimo para el joven Cronenberg. A mi parecer, el hijo esta vez ha superado al padre.

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