What About Sitges: Holy Motors, de Leos Carax (2012)


Holy Motors
Dirección y guión: Leos Carax
Reparto: Denis Lavant, Edith Scob, Kylie Minogue, Eva Mendes
114’, Francia, 2012
Selección oficial de Cannes

Nada más empezar la película sabemos que hemos entrado en otro espacio, en otro universo podríamos decir, con sus propios sentidos y significados. Nos encontramos a nosotros reflejados en la pantalla como una audiencia silenciosa en un cine mudo.

Aparece Denis Lavant, a la vez protagonista y secundario en ese universo, pero todavía sin nombre, sin cara, sin misión. Parece decir, silencioso, “el cine ha muerto, ¡larga vida al cine!”, refundando el espectáculo, señalando imperiosamente la ficción dentro de la sociedad.

Tras quince años fuera del circuito del cine, el francés Leos Carax vuelve con una película adiamantada, una película sobre las películas, sobre la acción y el actor y sobre el espectador y el espectáculo en general. Acoge el mayor de los dramas tras la comedia más simple, la del gag involuntario.

Todo comienza con un recurrente pero efímero Sr. Oscar, del que descubrimos que es actor fuera del escenario, o quizá en el mayor escenario posible: la realidad pactada por todos, nuestro “mundo”.

Lejos de ser un attention whore, el centro de atención, Oscar es intérprete tanto de personajes impactantes y espectaculares como de papeles casi privados, cuya existencia sólo es una más entre el ruido blanco de lo omitido, silenciado y olvidado.

Pertenece a la empresa Holy Motors, cuyos vehículos y chóferes trasladan a los actores de la épica de lo cotidiano de escenario en escenario, papel y antagonista. Una suerte de negocio del gesto, del arte realizado mediante el cuerpo, pero del que nunca conocemos sus clientes, como si su teórica agenda fuese sencillamente otro más de los personajes, el funcional, el intermedio.

Todo, absolutamente todo, queda preso de la sospecha de la ficción, hasta el punto que perdemos la cuenta de los nueve personajes que debe realizar el Sr. Oscar, contándose hasta 11 en los títulos de crédito.

Lavant sabe hacer actuar al actor a la vez que respeta ese teórico personaje de base, esa supuesta unidad del sujeto que, en realidad, sólo existe porque el foco de la película se sitúa sobre él al principio. Si apareciera diez minutos después, estaríamos seguros de que es otro papel, pero ahora la tentación a justificar una persona sana, cuerda y responsable nos obliga a creérnoslo como ser humano.

Su contrapunto, su conductora Céline (Edith Scob), sí que es el ancla con la realidad, mientras que Kylie Minogue y Eva Mendes son símbolos. La primera, del posible amor entre intérpretes, la última como imagen de lo extremo en nuestra actual sociedad, representado por un fotógrafo que sólo sabe escupir conceptos ante las personas.

Pero no os dejéis engañar, Holy Motors no es una vanguardia intelectual y elitista, en realidad es una metralleta que acaba disparándose a sí misma, riéndose en su propia cara de la seriedad que ha podido acumular. La miramos con ojos de académico y nos responde con una burla, porque Carax se sabe más allá y no está para nada equivocado.

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