What About Silence: Mátalos suavemente, de Andrew Dominik (2012)


Mátalos suavemente (Killing them softly)
Dirección: Andrew Dominik
Guión: Andrew Dominik, basado en la novela de George V. Higgins
Reparto: Brad Pitt, Ray Liotta, Scoot McNary, Ben Mendelsohn, James Gandolfini
97′, Estados Unidos, 2012

Hay finales que redimen a una película, otros la destrozan. Algunos sencillamente son la meta de una historia con ritmo, mientras que otros convierten al filme en un juego por predecir el giro argumental. En Mátalos suavemente nos quedamos en medio, el final es la clave de una reflexión no demasiado subyacente, pero no es suficiente para salvar la historia ni la manera cómo está contada.

Con un planteamiento sencillo y sobradamente tratado, la venganza en el universo gangster, Andrew Dominik confía en que un nuevo acercamiento, más intelectual y con tintes sociales, le aleje de las comparaciones con Tarantino. El problema es que se nota demasiado y a veces no está ni siquiera conseguido, ya que la gran dependencia de la historia en los diálogos recuerda demasiado.

Pero Dominik intenta superar esta barrera y apuesta tanto por el realismo que, al querer imitar a la vida diaria acaba incluyendo también sus momentos soporíferos. Lo cual no sería nada malo si estuviera llevado con más soltura. Pero tras un gran inicio, la incesante sucesión de silenciosos viajes en coche, planos de transición y diálogos borrachos o puestos de heroína hacen que los 97 minutos de la película parezcan 150.

Algo que no ocurrió en su película anterior, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, una especie de antiwestern que profundiza en el mito del fuera de la ley y del impacto social de su muerte y en la que los 160 minutos de metraje están fuertemente justificados en una buena historia y en las enormes interpretaciones de Brad Pitt, Sam Rockwell y Casey Affleck.

En esta ocasión, Gandolfini borda un personaje histriónico, Brad Pitt mantiene su pose de extraño antihéroe y McNary y Mendelsohn son la extraña pareja. Pero las interpretaciones no son capaces de aguantar un buen intento, pero al fin y al cabo fallido.

América no es un país. América es un jodido negocio.  Jackie Cogan 

La frase final de Cogan (Brad Pitt) demuestra que la idea es buena y que posiblemente esté mucho mejor tratada en el libro de George V. Higgins. Porque pese a lo agradecido que pueda ser el liricismo visual en los asesinatos y la ironía en los diálogos, la superposición de las campañas de Obama y McCain en 2008 sobre los bajos fondos de America sólo consigue apuntar al choque de lógicas y la identificación de la economía con el universo del crimen, pero no va más allá.

El resultado es que, tras hora y media, nos sentimos levemente interpelados y empujados a una reflexión, pero quizá en este caso la adaptación al cine no le ha hecho un favor al debate de fondo sino que lo ha deslucido. Eso sí, quedará para la memoria una de las mejores escenas de atracos para mi gusto, con el miedo, la inexperiencia y la tensión completamente reflejadas.

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