What About Silence: Carnage, de Roman Polanski y Yasmina Reza (2011)


Carnage
Dirección: Roman Polanski
Guión:
Roman Polanski y Yasmina Reza
(adaptación de la obra Le Dieu du Carnage, de Yasmina Reza)
Reparto: Jodie Foster, Kate Winslet, John C. Reilly y Christoph Waltz
80′, Francia, Alemania, Polonia y Estados Unidos, 2011
César 2012 al Mejor Guión Adaptado y varias nominaciones a los Globos de Oro

La risa tiene tantos matices. Puede expresar amistad y compañerismo, pero también constatar una sensación de superioridad, puede ser un ataque directo o puede incluso ser la salida de la tristeza y desazón. En Carnage te ries y eso asusta. Da miedo porque estás disfrutando de cómo cuatro personas se destruyen entre ellas y a sí mismas, porque aunque al principio seas partidario de dejar de lado lo políticamente correcto, cuando eso ocurre no estás preparado para digerirlo. Y la respuesta es reir, vomitar sarcasmo y regocijarse en el escepticismo respecto al ser humano y su supuesta dignidad.

Si bien es cierto que nuestra posición como espectadores es fácil, ya que observamos desde fuera sin mancharnos las manos y manteniendo nuestro honor impoluto, este experimento de Yasmina Reza es tan fiel a la realidad que casi podemos salvar esta distancia. Como obra original para teatro, el reducido espacio obliga a centrarse en los personajes y a medida que avanza la conversación el dibujo de Reza es más certero, más lúcido, más negro y más triste.

La pelea entre dos niños es la materia prima. Los padres se reunen y aplican sus artes en ella. Penelope Longstreet (Jodie Foster) apela a la conducta civilizada, pero acaba transformando las heridas de su hijo en una mutilación. Nancy Cowan (Kate Winslet) carga con la culpa que su hijo ni siquiera concibe, pero sufre más por un hamster abandonado. Michael Longstreet (John C. Reilly) sonríe para ocultar su decepción con su hijo, incapaz de ganar una pelea. Mientras, Alan Cowan (Christoph Waltz) mira, analiza, habla incesantemente por el móvil y se erige como la mente más lúcida, despiadada y tremendamente divertida para decir:

Yo creo en el dios salvaje, cuyas reglas no han sido cuestionadas desde tiempos inmemoriales.

Este dios salvaje no es uno, no es algo. Lo que ocurre entre los Longstreet y los Cowan, y luego entre las propias parejas, no es un deterioro de su educación, su sentido común o su humanidad provocado por una deidad socarrona o un Belcebú venido a más. Es la revelación de lo que los sostiene, de su propia justificación. Y no solamente la de ellos cuatro sino de la mayoría de la sociedad occidental.

Entre estos cuatro personajes se cruzan fuerzas sobrehumanas. Tensas ideologías trenzadas sobre lo concreto, una simbiosis inseparable. El machismo de Michael, el control obsesivo de Penelope, la superficialidad de Nancy y esa completa despreocupación por las personas de Alan no son enfermedades sobre un cuerpo sano, sobre un imperativo moral que nunca llegaría a cumplirse. Son parte de su constitución como personas, como ciudadanos y como sujetos.

La grandeza de Carnage no es solo exponer lo irracional detrás de lo racional, como si se arrancara la careta al mentiroso, sino mostrar cómo son inseparables. Y, en cuestiones más concretas, eso no ocurriría nunca sin ese exquisito guión y las enormes actuaciones de los cuatro actores, que aguantan la presión de la atención continua. Sin duda, una de las mejores comedias de los últimos años, llevada al cine con maestría por Roman Polanski, que respeta los diálogos y se dedica a añadir acotaciones con la cámara.

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