What about silence: Red State, de Kevin Smith (2011)


Red State
Dirección y Guión: Kevin Smith
Reparto: Michael Parks, John Goodman, Melissa Leo
89′, Estados Unidos, 2011
Mejor Película y Mejor Actor (Michael Parks) en Sitges 2011

Hay un extraño y divertido patrón que suele repetirse en las arengas, en los mítines y en cualquier discurso más o menos persuasivo. O bien se apela al sentido común, para tranquilizar al ciudadano que se tiene por alguien sensato, o bien se utiliza una forma refinada del “no hay huevos”. Esos oradores que se regocijan en su clarividencia pero sobre todo en su atrevimiento por romper las normas, por ser políticamente incorrectos y por no decir lo que queréis oir. Consiguen cierto atractivo y se convierten en líderes, porque nunca salen de ese espacio entre la locura y la genialidad. Y porque no les importa.

La misma presentación de ellos ya los mitifica un poco. Por eso no podemos dejar de sentir una cierta (y vomitiva) admiración por Abin Cooper (Michael Parks). Sí, se trata de un fanático religioso paleoconservador, líder de una secta familiar armada con AK-47 que se dedica a cazar homosexuales y asesinarlos mientras citan a las sagradas escrituras. Pero sin embargo recibió nominaciones al mejor villano del año (aunque fuera en los Virgin Media Movie Awards), porque el malo parece ser lo que le da calibre a una historia. Porque, al partir de lo más bajo, cualquier tontería les hace ganar simpatía.

Kevin Smith nos sorprende con una película seria, pero en la que se detectan fácilmente los vicios adquiridos por tantos años de comedia. Presentada como su primera incursión en el terror, Red Statese sostiene sobre el diálogo y no sobre la tensión o el susto. Incluso las acciones de violencia tienen un punto irónico y bromista.

No se trata de una gran película, ya que Smith perdió el control de la segunda mitad desde que escribió el guión. El ajustado retrato de la demencia religiosa y del extremismo se queda en un tiroteo de quince minutos y un abrupto final que parece un recurso demasiado fácil para que el propio Smith pueda dejar bien explícita su opinión.

Pero, pese a sus desvaríos, se trata de un buen material de reflexión. Ya que la historia no se queda sólo en la ridiculización del loco, sino que también descubre todo el universo del terrorismo en Estados Unidos, que claramente incluye a las células de Al Qaeda y las sectas armadas, pero en el que también juegan el propio FBI y las agencias federales, por sus políticas arbitrarias y desproporcionadas.

Como dice el Agente Hammond:

“¿En qué puto día estamos, en el 10 de septiembre de 2011? Patriot Act, tío”

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