Katanas por revólveres, el remake intercultural


La leyenda Clint Eastwood daba vida en Unforgiven al western cansado y deslucido por la vejez. Will Munny, el antiguo outlaw reformado como ranchero, es nada menos que el reflejo de la carrera de Eastwood, de su leyenda y legado como antihéroe que se convierte en héroe. Pero también es la imagen del cine estadounidense, que convirtió el western en el cronista de su épica, incluso cuando eso suponía sacar los trapos sucios.

No es extraño, pues, que el que mire desde fuera identifique este género como el abanderado. Y lo adapte. Unforgiven se convertirá así en Yurusarezaru mono (algo que no puede ser perdonado), en el remake japonés que ha confirmado estos días a Ken Watanabe (Saito en Origen) como el homólogo de Eastwood.

Ken Watanabe en El último samurai (2003)

La grandeza de este remake es que la importación del guión no solo conllevará las típicas modificaciones interculturales: cambiar la ciudad y traducir el nombre del protagonista por algo que no suene tan extranjero. Yurusarezaru mono será una película de samuráis (dirigida por Lee Sang-il), como si los dos símbolos más obvios de las dos culturas estuvieran unidos.La idea no es descabellada, ya que esta adaptación japonesa no es más que el contrapeso de tanto expolio hollywoodiense al cine oriental. Un abuso que se ha visto en las últimas décadas sobre todo en el terror (The Ring, La Maldición…), pero que en los años cincuenta era una relación algo más sana.

No en vano el cine de Akira Kurosawa fue adaptado en varias ocasiones al western. John Sturges convirtió Shichinin no samurai (Los siete samuráis) en The Magnificent Seven, quizá para tener una excusa para unir a Steve McQueen, Eli Wallach, Charles Bronson y James Coburn, por citar algunos. En Europa, Sergio Leone inició su trilogía de spaghetti western con Por un puñado de dólares, una adaptación del Yojimbo del director japonés, que ya de por si olía a John Ford.

La elección de Unforgiven es buena, ya que la calidad del guión de David Webb Peoples y la dirección de Eastwood (que ya se estaba labrando un nombre) está por encima del paternalismo moral de algunos westers más clásicos. Sin embargo, es curioso que la idea sea cambiar katanas por revólveres, como si el samurai y el cowboy remitieran a algun arquetipo de guerrero que sirviera para traducir el s.XIX norteamericano al japonés.

Surge la pregunta, pues, de si en el cine, ese espectáculo tan uniformizado por las reglas del mainstream estadounidense, el remake intercultural es realmente un diálogo entre dos historias y lenguajes o sencillamente un intercambio de cromos. De cualquier manera, aun falta ver en qué se convertirá Unforgiven. De momento, a falta de imágenes del remake, recordemos el clásico del western.

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