What about silence: Nader y Simin, Una Separación, de Asghar Farhadi (2011)


Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin)
Dirección y Guión: Asghar Farhadi
Reparto: Peyman Moadi, Leila Hatami y Sareh Bayat
Irán, 123′, 2011
Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera de 2011

Invisible, transparente y olvidado por ser evidente. Lo cotidiano toma la apariencia de una sombra que acompaña a cualquier objeto, aparece bajo cualquier luz arrastrándose detrás. Aun discriminada por los ojos acostumbrados a los fuegos artificiales, a lo que se levanta por encima del ruido ambiental, esa bolsa de rituales, hábitos, convenciones, ideas y sentimientos agradece la gracia de seguir viva, activa.

En Nader y Simin, una separación, el silencio de lo cotidiano tiene doble presencia. Es causa y también protagonista, aunque nunca sin dejar el último plano. Es el aire que respiran los personajes, pero su ahogo nos demuestra que no es inocente. Tan sólo Simin lo apunta tímidamente, en el que es el mayor motivo de toda la discusión: “no quiero que mi hija crezca aquí”.

Ese “aquí” tan indefinido, y sin embargo tan peligroso, provoca la separación entre Nader y Simin, éste contrata a Razieh para cuidar a su padre, doliente de Alzheimer, y una discusión entre Simin y la criada acabará en un juicio por asesinato que cubrirá la mayoría de la película. Ese “aquí” tan parco, tan tímido, es Irán, es la represión silenciada y convertida en un modus vivendi hasta que arrecie la tormenta. Es el Irán que domina y silencia, tal como lo hizo con otros realizadores heterodoxos como Jafar Panahi.

El aire casi sólido de lo cotidiano sirve de tamiz ante la épica, aplaca conciencias como un sol de verano. Asghar Farhadi habla por los resquicios para contar una historia en la que posiblemente estemos tentados a posicionarnos moralmente. Pero no hay ninguna opción limpia, porque la rabia y el temor a la ley, terrena y divina, acaba por doblegar a los personajes. Héroes sometidos por sus temores que acaban entrando en batalla, hasta darse cuenta de dónde está realmente la oscuridad que les aterra.

Una gran interpretación y una edición que hace amenas las dos horas de filme nos adentran en un mundo en el que la censura sigue viva y que nos obliga a entornar los ojos para enfocar la imagen. Farhadi nos deja libertad, nunca juzga al personaje, ni siquiera al final, cuando todos podríamos hacer cábalas sobre con qué padre quiere vivir la hija tras la separación, a quién consideramos más justo.

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