What about silence: Eva, de Kike Maíllo (2011)


EVA
Dirección: Kike Maíllo
Guión: Sergi Belbel, Aintza Serra, Martí Roca y Cristina Clemente
Reparto: Daniel Brühl, Marta Etura, Alberto Amman, Lluis Homar y Claudia Vega
2011, España, 94′
Goya a la Mejor Dirección Novel en 2012

En un futuro incierto, y constantemente nevado, Alex Garel [Daniel Brühl] vuelve tras diez años de autoexilio. Vuelve como hijo pródigo e investigador admirado, pero también como hermano cobarde y amante injusto. Y lo hace para humanizar definitivamente la robótica, substituyendo la función por la libertad. El SI9, el nuevo nuevo robot, tomará como modelo a Eva, una niña de diez años divertida e imprevisible.

EVA nos traslada al área más visceral de la ciencia ficción, en el que la emoción también es una variable de la tecnología, y para ello se decide a explorar la reacción humana. Una apuesta sin duda atrevida que sirve de cebo, pero que como apuesta acaba decepcionando. La historia, casi sorprendida por su propia premisa, acaba refugiandose en cauces ya conocidos y Alex deberá recorrer la distancia que le separa de su pasado y del hermano y la chica que abandonó si quiere terminar lo que sólo ha conseguido empezar.

Este desarrollo sentimental del personaje principal es el único consuelo para el que esperaba ese prometido análisis de las emociones. Porque la película prefiere perderse en el amor triangular y en los pequeños detalles: una pantalla que se ilumina con el nombre del protagonista, un cuentaquilómetros sobreimpreso en la luna del coche o unos orbes brillantes que representan la inteligencia emocional en la robótica. La belleza visual, cuidada con delicadeza, deja de lado al contenido y las reacciones emocionales son finalmente simplificadas, convertidas en un mecanismo estímulo-respuesta cuya mayor complejidad es constatar que un bostezo puede significar aburrimiento además de sueño.

El esteticismo de la película se marca para mi en otro aspecto algo más subjetivo, la elección del reparto. Sin duda Daniel Brühl, Marta Etura y Alberto Amman bordan el papel, no hay nada que reprocharles en la labor interpretativa (como tampoco a Lluis Homar, que está impresionante). Pero cuando se trata de mostrar a un avezado ingeniero que ha revolucionado su campo y cuya teoría es adorada y memorizada por cientos de estudiantes sólo diez años después de dejar la universidad, en fin, uno espera más arrugas, canas y quizá una calvicie incipiente.

La historia se da a si misma un fin poético más que correcto como cierre, demostrando así que las producciones españolas pueden apostar sin miedo por la ciencia ficción. Un film entretenido y visualmente cuidado, lástima de esa vuelta de tuerca que falta.

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