What About Silence: El Árbol de la Vida, de Terrence Malick (2011)


El Árbol de la Vida (The Tree of Life)
Guión y dirección: Terrence Malick
Reparto: 
Brad Pitt, Jessica Chastain, Hunter McCracken, Sean Penn
2011, 139′, Estados Unidos

Aquiles nunca atrapa a la tortuga, porque el tiempo se alía con el espacio para conspirar en su contra. Hoy, hace un año, Terrence Malick presentó su última película en el Festival de Cannes. El jurado se rindió, como en muchos otros festivales (59 premios según IMDb), y en seguida El Árbol de la Vida se convirtió en algo que debía ser visto y, poco después, en algo que debía ser despreciado. Por falta de ritmo, de medida o de originalidad.

La película entra en apenas veinte minutos en un círculo vicioso de narrativa no lineal y experimentación visual. La muerte de un hijo desencadena una épica cósmica, geológica y biológica que culmina en el nacimiento de Jack (Hunter McCracken). Encontramos un asidero en el niño, pero débil porque el combustible del filme es ese narrador protagonista que tanto gusta a Malick, fragmentado y poético.

La rectitud del padre y la indulgencia de la madre (Brad Pitt y Jessica Chastain), sirven de símbolos para la dualidad subyacente en la película, presentada como gracia y naturaleza, pero que remite a la dicotomía cultura-naturaleza, la oposición entre lo humano y lo animal, lo finito y lo infinito. Una tensión que parece resolverse al final, cuando el flashback termina y Jack, ahora crecido (Sean Penn), se reconcilia con su pasado, comprende el ritmo de la existencia.

En favor de Malick, no considero que la película carezca de ritmo ni de medida. Si bien el inicio del cine, de las motion pictures, está entre la mujer barbuda y el hombre forzudo, en el seno del circo ambulante de finales del siglo XIX, lo cierto es que incontables evoluciones en el lenguaje y la tecnología cinematográficas han dado lugar a autores que se alejan del cine-espectáculo y a un público ávido de experimentación.

La fotografía y la música tienen un esplendor magnífico, exquisito, y en todo momento la cámara nos acuna como si estuvieramos en la cubierta de un barco en medio del océano. La paciencia de Malick, superior a la de la mayoría de directores de hoy en día, permite que los personajes crezcan y decrezcan, sean humanos.

La originalidad, por otra parte, es el elemento más débil de este castillo de aire, de este recuerdo ficcionado y embellecido. El perfeccionamiento de una obra puede ser algo muy digno, incluso más que la obra original. Pero El Árbol de la Vida no pretende sólo pulir, sino innovar, tiene todas las luces de una obra magna, y también las sombras.

Plantear la dicotomía cultura-naturaleza es ingenuo cuando la única posición que el ser humano puede adoptar es la de la cultura, nuestro eterno velo de Maya que permite imaginar pero siempre con los mismos elementos base. Utopizar esa espontaneidad y unión original en la animalidad, en Gaia o a través del atajo que pueda suponer la música puede resultar precioso, sin duda, pero no sustenta una obra de dos horas y veinte minutos.

De la misma forma que jugar con los dos conceptos de tiempo. El que lo considera una dimensión más del espacio condena a Aquiles a nunca ganar la carrera y convierte la vida humana en un átomo infinitesimal de un universo immenso dominado por explosiones solares y cuentos de materia oscura. El que rompe las líneas clásicas y trata con el tiempo vivido, con el que es sufrido y disfrutado, permite a Malick detenerse en la infancia de Jack. Pero el director solo se entretiene un rato, porque luego vuelve a relativizar la existencia humana, vuelve al tiempo espacial y cae en la pseudofilosofía del “¡cuán pequeños somos ante las estrellas!”.

El resultado es una película preciosa y preciosista, que a veces nos hipnotiza y otras cae en la belleza de protector de pantalla. Comprendo las quejas de Sean Penn, porque la narrativa no lineal es confusa y el mensaje parece bastante contradictorio. Pero creo que es una película que hay que ver, aunque sea para decir que no te gusta.

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